Versiones de la intemperie

Formas orgánicas y voluptuosas se ordenan en el espacio y componen una partitura material que sintoniza con el ritmo de las piedras y los astros.

 

Una construcción de esferas despojadas y luminosas dialoga inventando el afuera y el adentro, la textura es la matriz simbólica que indica la diferencia en ese territorio. Los volúmenes de cerámica se erigen como pequeñas cavernas, algunas de ellas ostentan un orificio, una abertura evidente; otras están cerradas y en su interior laten.

Así como los astros se reponen a la danza celestial, las pequeñas piedras sobreviven a la erosión de los años. La vida y sus ciclos giran y en ese movimiento producen la realidad; el ceramista y su torno acompañan el transcurrir del tiempo, rasgando la extensa intemperie.  

Santiago Lena creó sus esferas con la tierra blanda de la arcilla luego los procedimientos técnicos imprimieron dureza, tensión, a esas cavernas arrojadas al mundo. Él también rasgó la materia y obtuvo hebras delicadas que asoman por las aberturas o en algunas ocasiones cubren los huevos como una piel protectora.

Todo indica que estas esferas pueden ser úteros que resguardan lo delicado y frágil, la metáfora corporal de algo que late y engendra. La historia de la ciencia, el arte y la filosofía ofrecen su propia versión de lo esférico, desde Parménides para quien la verdad era redonda y Platón que en El Tímeo pensó el origen del universo recurriendo a la teoría Pitagórica de la música de los astros hasta las extensas disquisiciones surrealistas sobre las cualidades de lo esférico, las versiones de un núcleo originario son infinitas.

La instalación de Lena propone una maqueta personal de esa intemperie originaria habitada por esos primeros ritmos pero también una sinuosa versión de la creación, un desplazamiento hacia los márgenes humanos. Así el pequeño sistema de Lena orquesta su propia música.