Rastros del tiempo

La producción cerámica es una de las tecnologías más antiguas de la humanidad, nuestra historia más lejana se conoce en gran parte, gracias a la vasta producción que se ha encontrado en casi todo el planeta.

La construcción edilicia hecha con ladrillos se utilizan hace miles de años, primero crudos y luego horneados, generando así un ladrillo cerámico.

Esta obra realizada con ladrillos, plantea una reflexión sobre las huellas que va dejando el hombre en su voluntad por dominar los diferentes materiales y técnicas, llevando esto en gran medida, al mundo que hoy habitamos.

 

Los conceptos o ideas de mi obra nacen en la materia misma, la encarnan. Lo emocional, lo perceptivo e intelectual se unen y generan formas y también palabras.
En esas formas que van apareciendo casi sin querer siento, a veces, una nostalgia de mi tierra, del mar y la estepa, de esos charcos que se arman en las restingas y dibujan pequeños mundos descubiertos cuando baja la marea. Una imagen o un sueño, inspiración que me abre a la creación.
Cada proceso de mi trabajo es un tránsito hacia la definición de la obra. En el amasado de la pasta gres se genera algo orgánico, propio del movimiento. Esos pliegues que se producen en la acción, los detengo, el fuego los petrifica.
El torno es la herramienta principal, hace varios años que su lenguaje funciona con el ritmo de mi cuerpo. Las piezas de alfarería dependen de estas coordenadas sensitivas en el momento de trabajo y creación. El vacío generador de cada pieza, esa nada necesaria para que algo exista, me fue conectando con algo que fluye y se mueve, insistentemente.
Algunas piezas que estoy realizando, son formas de las que una masa de color sale; las abre, algo las excede y las explota, como si fueran volcánicas. Esas piezas poderosas hablan de lo que en el interior no puede detenerse y aparece.
Lo ancestral persistente que no puede reprimirse, porque siempre vuelve a brotar.